La gratitud

Es en estas tardes de comienzos de otoño, cuando la luz dorada y tibia de los rayos del Sol baña todo el paisaje a mi alrededor cuando aprecio más la generosidad de Madre Tierra. Ésta luz mágica que hace brillar todo cuanto toca. Y el aire que nos envuelve con los aromas de frutas maduras, dulces, a punto de recolectar. Éstas eternas tardes de otoño llenas de las risas contagiosas de los niños al volver de la escuela. Es en este momento del año que de pie en la cima de esta colina entrecierro los ojos con la brisa despeinando mi cabello y a mi mente vienen imagines de los fríos vientos del Norte que me hielan y me renuevan las ideas que me vacían de pesares y abren ventanas a nuevos retos. Por mi cuerpo corre ese frío que me alienta a seguir y me imagino volando como una gran águila tomando una amplia visión de pasado presente y futuro.
Y así medio ensoñiscada las imágenes que mi mente recupera son de nieves cubriendo todo a mi alrededor y el sonido del silencio capaz de volver eco mis pensamientos más profundos y el resplandor tenue de un sol naciente que con amor y constancia funde trocitos de esa manta blanca y libera pequeños brotes que han esperado con paciencia su momento. Semillas que plantamos deseando que se conviertan en grandes árboles, en mágicos proyectos. Y me recuerdo cual cazadora disparando mis flechas de intención en todas direcciones. En esta ensoñación sigo avanzando por mis recuerdos convertidos en imágenes sensoriales y por mis pies noto el despertar de la Tierra. Percibo el movimiento subterráneo de raíces, la eclosión de las semillas el lento movimiento de larvas e insectos. La magia de la vida que se despliega en todos los rincones del planeta. Inspiro este aire de otoño y me trae reminiscencias de primavera. De calor nutriente y vivificante, percibo el despertar del pequeño mundo al que pertenezco y me congratuló de formar parte de él. Admiro la generosidad de la Gran Madre en cada movimiento que ejecuta.
Noto el calor y el movimiento cada vez más fuerte más intenso y en mi mente se forman ahora imágenes de manadas de caballos galopando libres por vastas praderas. El sonido de sus cascos golpeando el suelo como un corazón latiendo al unísono! Gentes danzando alrededor de grandes árboles sosteniendo cintas de colores y celebrando el amor. Celebrando el encuentro de cuerpos y sexos. Celebrando la pasión y la continuidad de la vida. Mi cuerpo lo recorre un escalofrío de placer y me pierdo en un sordo gemido. A mí alrededor veo animales emparejados o buscando emparejarse. La vida se abre paso de nuevo! Cada uno en su momento cada uno a su manera. La magia de nuevo.
Ahora noto como por mis mejillas resbalan las lágrimas, y es que necesitamos también gestionar las emociones. Somos como esponjas absorbiendo todo cuanto sucede a nuestro alrededor y es importante saber analizar y canalizar. No todo nos sirve igual siempre tenemos que soltar y limpiarnos para poder recibir y comprender lo nuevo que llegue a nosotros. Puedo escuchar el rumor del río bajando por la montaña, abriéndose paso entre rocas y en él depósito todo aquello que me pesa, que me lastra todo lo que ya no me es útil. Se lo entrego para que lo haga fluir hasta el martes y allí lo libere y me haga más liviana a mi. Y en mi ensoñación estoy ahora rodeada de mi comunidad compartiendo en una gran mesa. A mí alrededor todo es bullicio y alegría. Hemos recorrido juntos este camino. Qué felicidad! Recogemos nuestra cosecha, la propia, individual y colectiva. Todo es de un precioso color dorado como la miel. La cosecha que planeamos desde hace muchos meses, que nos ha llevado tanto tiempo y tanto esfuerzo y aquí la tenemos por fin! Recogida y a buen recaudo dentro de nuestros graneros y ahora qué? Qué nos espera? Mis ojos se abren, soy consciente de este momento de esta maravillosa luz de las tardes de otoño. Y siento la enorme gratitud que me invade. La generosidad de la Gran Madre a pesar del dolor que le causamos, Ella sigue abriendo sus brazos y sus ciclos para nosotros. Al servicio del gran tapiz que es la vida. Puntual y hacendosa, dura, generosa, amante y cuidadora. Como una madre. Éstas tardes de reencuentros con amigas y familia, de nuevos comienzos y retomadas obligaciones. Es en este momento de la Rueda cuando mi corazón se llena de gratitud. Por todo lo vivido, por cuanto he aprendido. Por este bendito cansancio que a veces me desconcierta…
Me tumbo en la hierba ya casi seca y cierro los ojos, puedo sentir el latido de Madre Tierra. Su fuerza indómita. Escucho el zumbido de pequeños insectos, el canto cigarras y grillos, algún trino de pajarillos…naturaleza viva!
Me siento, mi espalda recostada en una gran roca, siento su poder, la energía que emana. En el horizonte contemplo el vuelo majestuoso de un águila. Una criatura magnífica! Me regala una visión fascinante , un control inigualable de las corrientes térmicas. Si pudiera contemplar el mundo desde su perspectiva…o mejor aún si pudiera alzar el vuelo cómo ella! Me permito soñar ¿por qué no?
Pienso y me adormezco con este sol “el calor del membrillo” le llaman las abuelas a este calorcito de otoño. Voy repasando mentalmente las conservas que quiero hacer, tomates verdes y maduros, melocotones, moras, higos, zanahorias, cebollitas… y la gratitud vuelve a mí. Esas conservas son también generosidad de Madre Tierra. Y recuerdo los aceites que he de envasar, caléndula, hipérico, romero que han pasado ya su tiempo de maceración y que por supuesto son un regalo suyo también. Ella que recibe mil nombres diferentes hoy la voy a nombrar Amalur, Madre de la Tierra .

Serpa

Org. Dia del Paganisme
Un pequeño grupo de personas del Templo de la Diosa forman el equipo de organización central que trabaja todo el año para hacer posible el Dia del Paganisme. Es un evento anual gratuito de ámbito nacional que empezó en 2013.

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