La primera cosecha

Nos perdemos en su voz. Cada tarde cuando vemos que sube la cuesta y viene hacia la comunidad nos arremolinamos a su alrededor ansiosas por escuchar sus palabras. Sus historias nos mantienen unidas, las noticias siempre al día, saber de lo bueno y lo malo nos hace más eficientes. Somos felices con su simple presencia. Escuchar cada una de sus historias es tan gratificante…
“Ahora que los campos están en plena madurez y a punto para recolectar el espectáculo que ofrecen es magnífico! Podemos disfrutar de ellos y perdernos en la marea dorada. ¡Qué maravilla! La magia se ha obrado un año más”.- Así empezaba su historia de hoy. – “Mirando en cualquier dirección los campos están llenos de espigas doradas y maduras que se mueven suavemente con la brisa creando olas en movimiento similares al mar.
En la aldea se empieza a sentir el ajetreo de las grandes ocasiones. Las mujeres se encargan de vaciar los graneros y las despensas, de limpiarlos y acondicionarlos para recibir la nueva cosecha. Es un momento tan especial del año…las familias y los vecinos se reúnen y comparten en comunidad. Es el momento de perdonar, de “limpiar” también nuestro granero particular.-Dice con su voz grave y serena- Buscar a quién creemos que nos ofendió o quién creímos ofender y resolver los pleitos. Es mágico ver cómo a veces un enfado o una ofensa empiezan por un mal entendido que no tiene sentido y acaba siendo un problema y ver cómo tras un momento tenso se habla alrededor del fuego o de un plato de comida y se comenta, se pide perdón, se dan explicaciones y la mayoría de veces las personas, hombres o mujeres se funden en un abrazo o en un arrebato de risa contagiosa que acaba resolviendo la situación. Otras veces es irreconciliable, quizás el dolor de la ofensa es muy grande pero se llega a mantener la distancia y el respeto por el buen funcionamiento de la comunidad. Pero a mi entender la verdadera magia es ese compartir entre todos.” -Escuchamos atentas y asentimos orgullosas de pertenecer a esa comunidad-.
“La cuadrilla de jóvenes ya preparan la recolección -dice- han afilado sus hoces y se han repartido los campos, las abuelas han trenzado cuerdas para atar las gavillas de cereal. Esas cuerdas suyas, creadas con fibras y trenzadas con tanto amor facilitan mucho el transporte. Este año hay tres nuevos jóvenes entre los adultos que trabajarán con muchas ganas” y sigue así contando novedades e impresiones de todos los miembros de la aldea aunque nosotros queremos oír sobre su familia. Hemos seguido con ilusión y cariño toda la evolución del embarazo. Cuando Serbal llegó aquella tarde con los nervios y la emoción en su voz vibramos juntas de alegría. Sabíamos de sus inmensas ganas por crear una familia y todo el sacrificio que habían invertido Salvia y él durante muchos tiempo. Y aquella tarde la emoción le embargaba! Desde aquel momento empezamos a vivir con ellos en la distancia su estado. Cada semana esperábamos la evolución, sus comentarios, la ternura con que explicaba los cambios en sus vidas. Algunas tardes de la primavera ella le había acompañado en su paseo diario pero pronto empezó el cansancio, los mareos y la alergia al polen y prefería quedarse en su cabaña, en el centro del poblado. Aunque siempre nos hacía llegar sus saludos y su cariño que era recíproco.
Algunas veces notábamos en su voz la tensión y la preocupación. Otras en cambio nos contagia la emoción por un pequeño cambio que se convierte en una gran noticia. Sabemos también que tienen ya el ajuar del pequeño o la pequeña listo. Son muy precavidos, convenimos todas que eso está muy bien y nuestra aprobación se hace patente. Recuerdo claramente la tarde que nos dijeron los nombres que barajaban según fuera niño o niña! Desde ese momento comenzamos a recitarlos como un mantra, todas al unísono y los repetimos una y otra vez haciéndolo nuestro. Esperamos así que, al repetirlo, forme un halo de amor y protección a su alrededor.
“Hermanas, estamos llegando ya al final del embarazo, el calor está siendo sofocante y Salvia se encuentra muy pesada ya. Yo estoy nervioso y preocupado. Tengo ganas de que acabe ya y descubrir la carita de mi hijo o hija. También estoy lleno de dudas… seremos capaces? -Sus manos delatan realmente el nerviosismo- pero continúa como siempre cuidando de nosotras hasta el mínimo detalle. Limpia y acondiciona nuestra colmena, nos acondiciona las láminas de cera que cuando las ve muy espesas vacía y recoge. Nos alienta y deja cerca de nuestro árbol recipientes de madera con agua en éstos días de calor intenso pues sabe cuan cansadas llegamos tras andar en busca de néctar de flor en flor todo el día. Suele llevarse algún cuenco con miel recién recolectada y siempre nos la agradece. Formamos parte de su familia desde hace mucho mucho tiempo. Algunas de nosotras recordamos historias contadas por nuestras reinas e incluso se dice que está colmena lo vió nacer también. No sé si veré al nuevo miembro de su familia, su primer hijo. Hoy me he dado cuenta de cómo me he cansado para volver a casa… mis días están llegando a su fin. Me alegro tanto de haber estado en este momento de su vida. De haber compartido este tiempo. ¡De ser testigo de su primera cosecha! Yo que soy una simple Melisa de esta comunidad sin embargo me siento enormemente honrada de haber conocido a este hombre, de haber sentido su protección y su cariño.
Con el sol de la tarde ciertamente los campos están espléndidos…mis ojos se cierran y se llevan esta imagen la marea dorada meciéndose con la brisa y Salvia con su maravillosa preñez sentada al borde del camino sonriente esperando a Serbal que se dirige hacia ella con el cuenco de miel. Nuestra miel. Feliz Primera Cosecha.

Serpa

Membres del Templo
Els nostres membres tenen molt a dir!

Comenta...