Cerca de l’Animal de Poder

Avui ens ha arribat un preciós relat de la Berta G. Una assistent a la conferència que la Nàtica C. Roig va fer en el VII Dia de Paganisme.
La ponència era en si una experiència vivencial i xamànica de la recerca de l’animal de poder.
La Nàtica va guiar a tots els assistents amb el so del seu tambor pel món de sota perquè poguessin prendre contacte amb el seu animal de poder.
Així que aquest relat que la Berta ens escriu és una experiència íntima, personal i molt emocionant.
En primer lugar, al iniciar la meditación, me encontraba en una explanada boscosa, era un hayedo con arbustos de Boj y grandes matorrales de Acebo. Caminé unos metros siguiendo un camino de tierra abierta entre el musgo del suelo y vi a lo lejos una grieta en la falda de una pequeña montaña. Conforme más me acercaba a la cueva, destellos plateados se escapaban hacia el exterior de esta. Una vez pude entrar en la cueva, vi como ésta estaba compuesta por distintos minerales cristalinos de distintos colores, pero principalmente parecía estar compuesta de Cuarzo blanco y rocas de Amatista.
Seguí caminando por la cueva dirección a un pasillo más estrecho el cual podía alcanzar a ver en el fondo de la caverna y a medida que me introducía en el pasillo, la luminosidad de la estancia descendía considerablemente. Aun así, los minerales del entorno brillaban levemente creando así una atmósfera sutil de luz que evitaba la oscuridad plena. El pasadizo iba descendiendo hacia lo profundo de la cueva, al rato, se comenzó a escuchar un murmullo de agua que cada vez cogía mas fuerza y cuando llegué al final del pasadizo me encontré con una amplia estancia de piedra gris pulida. Las paredes tenían grande rocas de Amatista que llegaban hasta el techo.
En mitad de la sala corría un río que descendía por otro pasadizo del que no parecía salir ninguna luz, en dicho río había una barca atada a un pequeño poste de piedra que destacaba sobre el suelo cuidadosamente pulido y regular. una vez llegue hasta la barca, me subí en esta y quité la soga que la ataba al poste, seguidamente, la barca comenzó a fluir hacia el interior de la gran grieta por donde corría el agua.
El trayecto fue bastante raro, había silencio absoluto, no escuchaba ni siquiera el agua sobre la que estaba navegando y el los primeros minutos había una oscuridad opaca a mi alrededor. Poco a poco un sonido de agua cayendo y una luz tenue rompieron la atmósfera de oscuridad y silencio, empecé a ver lo que parecía una cascada a lo lejos. Me invadió una sensación de felicidad y tranquilidad bastante inesperada que se incrementaba conforme más me acercaba a la cascada, así que me senté en el centro del bote dejando un espacio para quien sea que me encontrase más allá de la cascada. Al comenzar a pasar la cascada, cerré los ojos y cuando los volví a abrir vi mi brazo extendido y en la palma de mi mano una tarántula considerablemente grande, que contra todo pronóstico no me causo ni pizca de repelús, al contrario, la sentía muy familiar, como si llevase toda la vida conmigo. La tarántula era en su mayoría negra, tenía también parte del pelaje que iba hacia la cara blanquecino y las articulaciones de sus patas de un tono naranja apagado.
Mientras la observaba, la tarántula trepó por mi antebrazo hasta alcanzar mi brazo y finalmente detenerse en mi hombro. En el viaje de vuelta por el rio hasta llegar de nuevo a la estancia de roca pulida, la tarántula no hizo más que estar en mi hombro, sin embargo, comencé a sentir, de una manera que me es complejo describir, un estado casi ominoso, en el que entendí que la tarántula me iba a ayudar a tejer una estabilidad que iría desde mi interior mas profundo, hasta mi entorno social, sentí que estaría ahí en los momentos en los que sintiera que todo es demasiado complejo para poder ser gestionado. Fue una experiencia muy extraña, principalmente por que a ratos reconocía la tarántula como una parte de mi y a ratos me imponía un profundo respeto.
Una vez la barca alcanzo la sala desde donde había salido, la até al poste y bajé de la barca. Me quedé un rato mirando a mi alrededor y extendí mi brazo izquierdo hasta mi hombro derecho para que mi compañera subiera a mi mano, ella subió y la estuve mirando detenidamente. Al rato de reflexionar le pregunté directamente a la tarántula donde quería vivir, ella giro sobre si misma aún en la palma de mi mano y dirigió la mirada hacia la pared de roca de Amatista, en el momento entendí que no necesitaba que yo hiciera nada para que ella pudiera vivir aquí, acto seguido bajo por mi cuerpo hasta el suelo y trepó por la pared, donde comenzó a tejer una red entre las Amatistas. Una vez vi como construía una compleja telaraña, comprendí que todo estaba bien, me despedí de ella y retome el camino de vuelta por la cueva hasta el bosque.
Berta G.

Agraïm moltíssim que ens obri el seu cor i ens expliqui la seva experiència. Donem les gràcies a la saviesa i la medicina que aquest animal de poder ens ensenya.

Lunitari
Lunitari
Sacerdotisa de la Diosa. Presidenta del Templo de la Diosa y de la Hermandad de la Diosa. Me encanta la música, la creatividad y la artesanía. Mis publicacionesMás sobre mi...

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