El palo de Mayo

El sol acaricia mi cuerpo. Tumbada aquí sobre la mullida hierba del prado siento su calor en todo mi ser, voy volteándome a ratos porque incluso a veces creo que es excesivo y casi me quemo pero recuerdo los largos meses dentro de la cueva y se me pasa…ummm que placer sentir el calor. Observo el bullicio que hay en el prado. El ajetreo de los hombres que llevan días excavando un agujero profundo y hoy por fin parecen haberlo acabado. Oigo las risitas de las jóvenes y sus cancioncillas alegres que se mezclan con las expresiones de fuerza de quienes están cortando leña y apilándola para la “Gran Hoguera”. Ellas, confeccionan cintas de muchos colores entretejiendo diferentes fibras y se desafían para ver quién la hace más larga y fuerte.
No tengo un recuerdo muy nítido de la fiesta, este va a ser mi primer año con conciencia y reconozco que estoy ansiosa y algo asustada. Oigo a los adultos en sus conversaciones hablar de Beltane, del despertar de la naturaleza, del placer piel con piel y no tengo una idea muy clara de a qué se refieren…mis hermanas mayores se miran entre ellas y se sonríen pícaras, quizás sea este año la primera vez se dicen entre susurros, y yo me quedo igual, a verlas venir que diría mamá.
Sigo tomando el sol y dejando que me caliente todo el cuerpo. Estoy realmente feliz, mi atención ahora se ha desviado a un grupo de abejas que van volando de flor en flor. Agudizando mis sentidos puedo distinguir el rápido movimiento de sus alas, el zumbido que emiten y veo como sus patas quedan impregnadas del polen de las flores que visitan, cómo liban el néctar que las alimenta. Me fijo en su errático vuelo( no tan errático) y mi mente se va tras una de ellas, se posa en una flor lila, ahora en una amarilla, alza el vuelo otra vez y va a una flor blanca. Parece incansable, laboriosa sigue su tarea. De pronto otra cosa llama mi atención, hay tres pequeños polluelos en un nido píando alborotadores, llega su madre con un gusano en el pico que ellos se afanan en arrebatarle para comer, sus trinos se mezclan también con el bullicio del prado y a mí me da por pensar que ciertamente la naturaleza se ha despertado. Hace tan solo unos días el prado estaba en silencio y ahora es un hervidero de actividad. Pero y lo bien que estoy yo ahora panza arriba? Hace un ratito he comido y he bebido agua fresca del riachuelo que baja cantarín de la montaña. Estando en la orilla he visto muchos animales también saciando su sed, conejos y liebres, alguna ardilla, la señora pata y sus patitos, el gran oso pardo al que todos tenemos y que por ello abreva alejado y solitario. Había también una manada de ciervos, qué divertido es observar a los cervatillos con sus manchitas blancas…nunca sé si van o vienen. Quizás poder beber este agua tan cristalina y dulce sea otro de esos placeres de los que tanto hablan los adultos. Sin duda para mí lo es. Con un grito de admiración una de las mujeres me saca de mi ensoñación, toda la gente de la aldea corre al borde del camino de entrada al poblado admirados por el gran tronco que traen entre 8 hombres! Baten de manos saltan y gritan de alegría! El palo, el palo, ya está aquí. Ya han bajado el palo! Entre tanto alboroto casi que no me dejan ver, soy aún pequeña y por eso de un salto subo a una roca y a otra y a otra más y desde aquí veo el gran tronco que han traído. Es sin duda espectacular! Aunque no es muy grueso, un sólo hombre lo puede abrazar con facilidad, es muy largo. De que árbol será? Viene sin ramas ni hojas, ahhh ya veo es un chopo! Detrás llegan más hombres con fardos de lo que han cortado al árbol que utilizarán como leña. No desperdician nada. Los portadores lo han dejado en el suelo y ahora descansan por el esfuerzo realizado. Beben agua que les ofrecen algunas jóvenes que les lanzan miradas de admiración y algo más…no sé, se respira un ambiente distinto. Hoy todo saca chispas! Buff, creo que me estoy pasando con el sol, tengo la piel muy caliente y mamá siempre dice que no es muy bueno exponerse tanto rato. Sé que tiene razón, ella siempre tiene razón, aunque hoy parece estar también distraída con el bullicio de la aldea. Mejor voy a buscar una sombra fresquita desde donde poder seguir observándolo todo. No quiero encontrarme mal esta noche, al atardecer empezará el festejo y no quiero perdérmelo. Por fin sabré en qué consiste Beltane.
Desde la rama del árbol al que he subido tengo una buena perspectiva del prado y de cuánto acontece en él. Observo cómo las jóvenes que han tejido sus cintas de colores se acercan a los hombres que transportaron el gran tronco al que llaman palo y hablan con ellos haciendo gestos con las manos. Una anciana se acerca ahora al grupo y autoritaria da alguna orden que no alcanzo a oír desde aquí pero enseguida se han puesto en marcha y comienzan a clavar la cintas una a una a un extremo del tronco-palo, palo qué nombre! Sonrío para mis adentros. En un momento hay un montón de cintas que le dan un aspecto divertido y raro.
Las voces van cambiando de tono por momentos, ahora oigo un grupo de niños gritando mientras corren de un lado a otro y ríen y se empujan y acaban todos rodando por el suelo. Los veo jugar y siento ganas de unirme a ellos pero prefiero quedarme un rato más tomando el fresco en esta rama. Mi atención va hacia las muchachas que han bajado a bañarse al río. Frotan su cuerpo con romero, espliego, tomillo…me encantan esas hierbas y su olor. Su fragancia está en esta época en pleno apogeo, caminar por la montaña y los bosques y poder olerla es también un placer. Las jóvenes ríen distraídas y hablan entre sí comentando lo especial del día. Llevan preparándose para esto con las ancianas un tiempo. Las han preparado, instruído y desvelado misterios para que hoy no sientan miedo y sepan cómo actuar. Pero puedo ver en sus miradas esa chispa de incertidumbre y los nervios de estar ante algo desconocido.
Ohhhh! Madre mía por el camino viene más gente, traen caballos! Mamá siempre dice que hay que tener mucho cuidado con los caballos y que no juguemos nunca entre sus patas porque un pisotón o un golpe puede hacernos mucho daño o incluso matarnos. Desde aquí arriba son imponentes, que preciosos son! Sobre todo una gran yegua blanca que trota orgullosa delante de los demás. Tal vez más tarde baje a verla de cerca e intentaré acariciarla. Vuelvo a mirar al grupo que estaba junto al tronco-palo, parece que ya han acabado de clavarle cintas y lo están llevando hasta el lugar donde habían hecho el agujero. Lo están poniendo de pie con mucho esfuerzo, colaboran casi todos los hombres. Les ha costado bastante pero lo han conseguido. Se ve extraño y desgarbado con todas esas cintas colgando, qué sentido tiene?
Mis ojos están cansados de mirarlo todo a la luz del sol. Yo prefiero la penumbra del atardecer pero hoy no podía dejar de ver todo esto. Creo que voy a ir a comer algo más y luego haré una siesta para descansar y poder disfrutarlo todo como es debido.
Cuando despierto la luz del sol ya no es tan potente y algo ha cambiado entre los vecinos de la aldea, el ajetreo de la mañana se ha convertido en una fiesta todos van vestidos con sus mejores ropas, han guardado las pieles del invierno y se han acicalado con coronas de flores y hojas. Las chicas jóvenes van adornadas con guirnaldas y cintos de flores también. En el aire flota el perfume de tantas flores (que lo hace muy agradable después del olor acre de los cuerpos en invierno…) Se oyen tambores y alguna flauta, risas y conversaciones ligeras entre los grupos que se van formando alrededor de la hoguera que aún no está prendida. Hay una gran mesa dispuesta a un lado del prado llena de comida que van dejando los que llegan. Cada uno aporta lo que puede. A mí me llama la atención un cuenco con trozos de un panal de miel en el que revolotean algunas moscas atraídas por el dulzor y ya imagino el atracón que me daré en cuanto pueda acercarme sin ser vista…ummmm se me hace la boca agua. También hay hogazas de pan recién horneado, carnes de la caza, bayas y frutas tempranas. Algo que llaman vino y que sólo les está permitido a los adultos. Yo tampoco lo probaré, madre dice que su sabor no es agradable.
Suena un cuerno que uno de los hombres sopla con fuerza para llamar la atención de todos.
Ahora la anciana sabia que por la mañana ha dado órdenes a las muchachas se acerca a la hoguera con una antorcha en la mano y la prende! Qué emoción! La luz del atardecer se ve eclipsada por el fuego. Qué mágica visión. La anciana comienza a hablar y todos la escuchan con mucho respeto, con un profundo silencio. Desde mi piedra la observo y pienso que debió ser muy bella en sus años jóvenes. Ha soltado su cabello que es largo y aún conserva algo del color rojizo original mezclado ahora con hebras de plata que le dan un aire poderoso, su túnica roja salpicada con flores y hojas deja intuir debajo su desnudez. Sus senos fluctúan con el movimiento de sus brazos y de sus caderas firmes salen sus dos hermosas y fuertes piernas. Con un gesto autoritario pero dulce invita a todos a acercarse al tronco-palo y a tomar alguna de las cintas que le cuelgan. Distribuye a hombres y mujeres, da órdenes de cómo actuar y comienza a sonar el tambor con un ritmo lento acompasado. Entonces las gentes empiezan a moverse unos a un lado, otros a otro, ahora hacia afuera, ahora hacia adentro y así cada vez más rápido siguiendo el ritmo del tambor. Riéndose, chocando y equivocándose, hasta que las cintas poco a poco han cubriendo todo el tronco de muchos colores. Ha sido una danza hipnótica, en la que todos participaban con algo de miedo al principio y soltura al final. Entonces, Epona, que así se llama la mujer, para la música y anuda las cintas para que no se deshaga el trenzado. Todos miran con alegría al palo multicolor. Tal vez en eso consiste el placer, en trabajar todos unidos?
Ahora están llegando a la mesa y entre risas y cánticos han empezado a comer de todo lo que hay dispuesto. Yo me acerco también, quiero participar del festín! Los más jóvenes que son rápidos comiendo empiezan a desafiarse para saltar por encima de la hoguera. Escogen pareja, hay un brillo inusual en sus miradas, y cogidos de la mano van saltando la hoguera entre vítores y palmas.
La noche ya ha caído y empieza a refrescar, los saltadores de la hoguera se van perdiendo por parejas en las chozas de la aldea y en el bosque. Se oye algún relincho de los caballos, las ovejas balan, los niños ya adormecidos no cantan ni ríen, están realmente cansados de tanto correr y brincar todo el día. El rumor del riachuelo se percibe en la distancia, pájaros e insectos han cesado ya su actividad pero de entre las sombras llega el sonido de suspiros y gemidos, de palabras susurradas muy en voz baja, de caricias y besos… risas ahogadas y promesas hechas a la luz de la luna. Ahhhh, quizás es esto el placer, llegar al final del día y poder descansar!
Bueno, no sé. Se hace tarde la noche ya está cerrada y yo sigo aquí encima de la mesa comiendo las moscas impregnadas de miel, mi ansiado festín! Esto sí qué es un placer! Pero he de irme ya, he de volver a mí madriguera junto a mí madre y mis hermanas. Por cierto mi nombre es Tija, la lagartija ????. Y este ha sido mi cuento de Beltane.

Serpa
Mayo de 2024

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