Al otro lado del fuego
Soy de ese porcentaje de gente que sufre cada año la astenia de primavera. Me molesta sobremanera el cambio de hora, la mayor cantidad de horas de luz, el sonido temprano del movimiento de animales y humanos. Me cuesta despertarme y comenzar a circular por la vida. Y no, no es que no me guste la actividad, es que sencillamente yo voy a otro ritmo. Mi cuerpo está aletargado y necesito más tiempo para desperezarme.
Nunca he tenido miedo de los fantasmas ni de espectros descarnados ni de esqueletos andantes ni de zombis cinematográficos. Lo que más miedo me da soy yo misma. Lo que encierra mi mente que a veces es perverso hasta para conmigo misma. Tengo miedo porque sé de lo que sería capaz, de muchas cosas impensables para los que creen conocerme.
Siempre digo, cuando comienza el otoño, que estoy en la mejor época del año, así lo siento. Mis allegados, mis amigos, la familia, quienes me conocen, discrepan y piensan que estoy loca. No les gusta el frío ni la oscuridad, no entienden el placer de estar en soledad y silencio dentro de la cueva. Aunque la cueva sea interior, propia e íntima. Y es ahora con la llegada del sol que calienta y despierta la tierra, que en mi mente oigo los latidos del interior del planeta, percibo como la savia vuelve a fluir por troncos dormidos y silenciosos, escucho a pequeños insectos horadando los campos, roedores y aves se afanan en buscar pareja y hacer nidos. La vida vuelve abriéndose camino con fuerza. Firme, fiera, luchadora. Y por mi rostro corren lágrimas saladas de ambigüedad, a mí me da igual. Me duele despertar del dulce letargo invernal ¿Quién necesita tanta luz? ¿Tanta vida? ¿Tanta explosión de color? ¡Yo, no; desde luego! Y lo digo, pero muy bajito, sólo para mis adentros, no quiero volver a oír lo loca que estoy y lo maravillosos que son los días tan largos con tanto sol…
Ahora tengo que empezar a mover mi cuerpo, desperezar mis extremidades, sin ganas he de hacerlo. Tengo que volver al mundanal ruido y retomar las cosas donde las dejé y volver de nuevo a la rutina. ¿Cómo voy a lograrlo? Mi corazón de dragona se pone en movimiento, tardaré unos días en desperezarme. Es curioso, con el paso de los años me cuesta mucho más.
Recuerdo mi infancia y a mi madre año tras año preparando su mermelada de dientes de león para ayudarme con ella al cambio. Es algo que arrastro de por vida, un cansancio intrínseco que agota el cuerpo y confunde la mente. Los latidos de Madre Tierra se van acoplando con los de mi corazón, he de llegar al mismo compás, a la misma frecuencia, el mismo ritmo y sintonía. Con esa melodía interna se encenderá el fuego, mi fuego transformador. El que hará que todo a mi alrededor cobre sentido, el que moverá mis intenciones y mis pensamientos. El fuego que dará durante unos meses las órdenes prácticas para que mis movimientos sean precisos. Ese fuego que algunos reconocen en mi temperamento y que yo siento que ya no quema tanto como antaño.
Con ese fuego interno viviré estos meses de luz y actividad que necesito desarrollar para poder seguir viviendo. Tristemente, la mayor parte de nuestra vida está dedicada al trabajo, ¡craso error! Pero necesario. Mientras mi caldera interna se pone a los grados oportunos para su funcionamiento iré buscando combustible para quemar, cosas de las que me desharé para darme impulso y fuerza. Las transformaré en ese fuego, haré de ellas el carbón que inflame mis movimientos y saldré a la luz exterior para enfrentarme a los nuevos retos que me ponga la vida en el camino. Intentando mantener el equilibrio para no desfallecer, para no sobrepasar ciertas líneas ni convenciones sociales, porque a veces un exceso de fuego también está mal visto y te convierte en una “echá palante”, una sobrada de la vida que se cree alguien.
Seguro que encontraré gentes que compartirán mis mismos sentimientos y emociones y gentes abominables que destruiré con uno de mis soplidos de fuego, imaginarios. ¡Recordad que soy una dragona a la que estáis molestando en su cueva! Conmigo no se juega y, si lo haces, atente a las consecuencias. Tal vez desaparezcas convertido en cenizas (no poco personal ha desaparecido de mi entorno tras un arrebato).
Estos calentones también los achaco a la astenia, quizás no sea así pero a mí me pasa que en estas fechas estoy más irascible y zanjo las cosas sin muchos miramientos. Estoy comenzando a despertar y eso me produce “mala leche”, me molesta la luz, me aturde el ruido. Estoy inquieta y molesta. Cada uno de mis movimientos perfectamente coordinados me acerca a la entrada de la cueva, siento pereza de salir…
Los latidos sincopados me mueven, Madre Tierra necesita que todas sus criaturas hagamos girar la rueda y ¿quién soy yo para negarme? Debo salir, me debo a la vida misma. Sé que cuando el sol bañe mi piel y mis patas pisen el exterior todas éstas cavilaciones desaparecerán. Siempre es así, pero yo siempre soy reacia a este cambio.
Los primeros días fuera del confort de mi hábitat serán difíciles y tortuosos, como cada año, pero cerraré mis ojos y escucharé en mi interior esos latidos firmes como un tambor poderoso y me impulsarán. El fuego interno me sostendrá y podré caminar erguida y orgullosa. No me detendrá el cansancio, no tengo miedo de fantasmas ni de espectros descarnados ni esqueletos andantes ni de zombis cinematográficos. Sólo tengo miedo de mi misma y de lo que sé que soy capaz de hacer junto al fuego.
¡Transfórmame, Fuego! ¡Hazme poderosa!
¡Elijo vivir, elijo el coraje!
Que la hoguera sea inmensa, que pueda transformar todo lo que no sirve, lo que nos divide, lo que nos envenena. Quisiera quemar en ella tanto dolor gratuito, tanta miseria en el comportamiento humano. Quisiera ver arder en ese fuego bendito la codicia y la maldad. Quisiera que el poder se ejerciera con sabiduría y no con avaricia. Que el dinero y la riqueza fueran una herramienta de desarrollo y no de manipulación. Mi alma de dragona está empezando a reaccionar y siento la angustia de perder el control…
¡Transfórmame, Fuego!
¡Hazme poderosa!
¡Transfórmame, Fuego!
Y bailo y canto juntos a mis hermanos y hermanas alrededor de la hoguera pidiendo transformación, inteligencia, valor y comunidad. Yo, que me siento al otro lado del fuego.
Ostara 2026
Serpa

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