El cuento de la Diosa Dragona

Érase una vez que se era… Un pueblo humilde en el valle de una gran montaña situada por donde salía el sol.
En ella habitaba una Diosa Dragona. Aquella preciosa montaña rocosa anunciaba al pueblo el momento de amanecer y a veces, si mirabas bien podías ver la silueta del lomo de la Diosa Dragona recortado en la cima.

Era costumbre desde mucho tiempo atrás que la Diosa Dragona cada año solicitara al pueblo que le enviaran una joven doncella para ser instruida en las artes de la sabiduría. No se sabe cómo empezó la tradición, ni recuerdan cuando empezó a solicitarlas, ya que solo las mujeres que habían sido instruidas decían haber visto a la Diosa Dragona.
La joven elegida estaría con ella en la montaña durante todo un año, transformándola así en una mujer muy sabia.

Las mujeres que volvían después de la instrucción ayudarían al pueblo en muchos sentidos, pues parecían saber de todo.

Hubo un año en que una doncella, no regresó. ¿Qué ocurrió? ¿Se quedó allí porque era torpe y su instrucción no había concluido? Nadie lo sabía, pero el consejo del resto de mujeres que habían vuelto era simplemente esperar. El pueblo, temeroso de que una Diosa Dragona los viera dudar de su voluntad, temían ir en su búsqueda, ya que ésta podía reducir el pueblo a cenizas en un momento.
Fue así que decidieron esperar y esperar… al llegar el momento de enviar a otra niña, ninguna de las familias quería que su hija fuera, pues no sabían si volvería. Así que hicieron un sorteo.
Por suerte la doncella elegida era lista y valiente, así que cuando la enviaron le pidieron que se enterara bien de lo sucedido, que volviera una de las noches mientras la Dragona dormía para explicar qué había sucedido con la anterior doncella. Tampoco volvió.

Empezaron dudar cada vez más y a creer que la Dragona les estaba engañando. Luego dudaron de que la Dragona fuera en realidad una Diosa, otros empezaron a creer que eran tontos y le estaban enviando alimento fresco y tierno a un dragón o a una gran bestia. Los más escépticos ya creían que no había ni Diosa ni dragón y que las dulces y frágiles niñas subían por la montaña y morían de inanición o por alguna caída, pues la montaña estaba llena de grutas y peligrosos barrancos… algunos pocos, aunque no querían enviar a sus hijas, todavía creían en Ella.

El resto de niñas, que bajaron de la montaña ya siendo mujeres, llegaron sabiendo de plantas medicinales, de estrellas y del viento. Hacían premoniciones sobre los cambios del tiempo y sobre sus cosechas. Y por descontado afirmaban haber sido instruidas por la Diosa Dragona que habitaba en la montaña. Pero dejaron de creerlas pues el pueblo se sumía en la desesperación de la pérdida de aquellas niñas. De hecho, las apartaron del pueblo, las repudiaron y no quisieron saber nada de ellas porque no les daban una solución que les agradara.

Se acercaba el momento de enviar otra niña a la montaña. Todo el mundo se negaba, pero el rey insistía, ya que pensaba que, si no calmaba la sed de sangre del monstruo, éste vendría a devorarlos a todos. Así que hicieron un sorteo y le tocó a la hija del rey. Ella debería ir a buscar a las otras dos niñas y descubrir qué estaba sucediendo. El rey pensó que, si era un ser con inteligencia, tal como decían las mujeres que habían vuelto, no se atrevería a raptar a la única heredera del reino y mucho menos se atrevería a comérsela…

Y así fue como tres años consecutivos hubo tres niñas que desaparecieron.
Aquellas gentes del valle miraban desconsolados esa montaña peligrosa a donde por una absurda creencia pagana enviaban a sus hijas a morir.

El rey, en un intento de búsqueda del cuerpo inerte de su adorada hija envió una partida de intrépidos caballeros en busca de los restos de esas niñas. Como mínimo las enterrarían como es debido y podrían llorar su pérdida.

Los caballeros se dirigieron cargados de provisiones y armas a la montaña rocosa, hacia el pico más alto, allá por donde habían creído ver la silueta de un dragón o animal deforme, a estas alturas ya no estaban seguros de nada.

Al tercer día de búsqueda llegaron prácticamente a la cima de la montaña. Allí se encontraron un camino de piedras muy hermoso y colorido.

Siguieron el camino y vieron que les conducía hasta el pico más alto y hacia una espiral de piedras con algo rojo y llamativo en su interior. Fueron a ver si encontraban alguna pista, ya que era la zona más alta y que claramente les llamaba más la atención.

Uno de ellos entró sin seguir el camino de la espiral, para ver más de cerca lo que había en el centro, se encontró unas flores rojas. Al querer recoger una se pinchó, pues no se dio cuenta de que las flores tenían espinas en su tallo. Se trataba de un bello rosal, quien sabe, quizá si el caballero hubiera hecho el recorrido de la espiral, no se habría pinchado.

Fue entonces cuando un vendaval revolucionó a los caballos que tiraron a sus jinetes al suelo. Los caballeros al alzar la mirada vieron como descendía del cielo un gran dragón, en realidad Diosa Dragona. Ella bajó enfadada al ver que el caballero pasó por encima de la espiral de piedras e intentó coger una rosa del centro. Al aterrizar, desde sus pulmones brotó un rugido ensordecedor. Los caballeros se tiraron al suelo porque a continuación, la dragona escupió una potente llamarada de fuego hacia el cielo. Ellos no lo sabían, pero lo hizo justo para no quemarles. Detrás de ella aparecieron tres mujeres muy imponentes, con semblante distante y misterioso. Habían cambiado tanto que casi no se les reconocía, eran las tres niñas perdidas.

Les explicaron que estaban bien, pero que la Diosa había establecido profundizar más en los estudios de sus sacerdotisas y por eso estaban tardando más del año habitual.
Los caballeros, pidiendo disculpas e inclinándose ante ellas les pidieron que los acompañaran al pueblo para calmar los ánimos y que vieran que seguían vivas, pues estaban perdiendo la fe e incluso llegando a tratar de locas a las mujeres que habían estado un año fuera. El pueblo se alegraría mucho de ver que sus hijas seguían vivas, habían crecido y se habían vuelto tan sabias. Muy enfadada por cómo habían tratado a las mujeres de la Diosa ella permitió que volvieran a bajar al pueblo para entregar un mensaje.

Al llegar al pueblo fueron a buscar a aquellas mujeres repudiadas y tratadas como locas o charlatanas. La Diosa les otorgaba el título de Sacerdotisas de la Diosa Dragona debido al tiempo que llevaban ejerciendo y el servicio que habían prestado a su comunidad. Explicaron lo sucedido y dijeron que no venían para quedarse. Había sido una gran ofensa a la divinidad y hacia las mujeres que les habían ayudado durante tanto tiempo y les dijeron que se marchaban pero que aquella doncella que se atreviera a recorrer el sendero de piedras las encontraría.
Acto seguido, la primera Sacerdotisa entregó al pueblo una rosa como representación de las niñas dulces, bellas y fuertes que fueron en busca de la Diosa. La segunda sacerdotisa entregó un libro con parte de los conocimientos de la tierra y los astros, en representación de las mujeres sabias que ya son. La tercera sacerdotisa señaló hacia el cielo en dirección a las montañas altas, allí vieron todos a la Diosa Dragona surcando los cielos y posándose sobre la cima, y dijo: -La cima de la montaña siempre os recordará el lomo de la Diosa, a quien una vez olvidasteis y donde la podréis encontrar.
El pueblo atónito, avergonzado y agradecido hizo una fiesta en su honor. Así es como surgió la fiesta de la Rosa y el Libro. Entre el equinoccio de primavera, fiesta de la juventud y la fiesta del amor y la sexualidad, momento en que la joven se transforma en mujer.

Después de la gran fiesta, todas las sacerdotisas emprendieron un viaje hacia más allá de la montaña para vivir aventuras, adquirir más conocimientos y seguir honrando a la Diosa Dragona.

>Relato original de Lunitari

Lunitari
Lunitari
Sacerdotisa de la Diosa. Me encanta la música, la creatividad y la artesanía. Mis publicacionesMás sobre mi...

Comenta...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

IMPORTANTE: Actualmente nuestro espacio físico permanece cerrado hasta nuevo aviso. Seguimos nuestra actividad online y en las redes sociales.